| Subregión
Chaqueña
Los habitantes más destacados de la subregión,
cuando comenzaron las colonizaciones españolas,
eran los arawak-chané (se destacaban por la fabricación
de mascaras), los chiriguanos (de origen guaraní,
eran agricultores y alfareros), los wichis (llamados matacos
por los españoles eran recolectores, cazadores
y pescadores pacíficos, y se dedicaban por tejer
bolsos y cestas de fibras vegetales), y los kom (denominados
tobas por los españoles eran cazadores y recolectores,
y se destacaban por sus armas, como la flecha, las boleadoras
y la makana), todos ubicados en la zona del Chaco. Además
se encontraban los abipones (cazadores expandidos también
por el noroeste), que se establecían en Santa Fe,
y los toconotes (hábiles cazadores) que se encontraban
en Santiago del Estero.
La subregión chaqueña, ambiente único
en el mundo por la clase de naturaleza que alberga, fue
una zona habitada por indígenas, quienes le dieron
el nombre al lugar, ya que Chaco deriva de la voz o dialecto
quechua "Chacu" que significa "lugar de
cacería".
Subregión Mesopotámica
En esta subregión se destacan los chanaes, que
eran alfareros, cazadores, canoeros, pescadores, y que
por influencia de los guaraníes llegaron a practicar
la agricultura; y los guaraníes.
Estos últimos, provenientes de la selva amazónica,
pertenecen a uno de los grupos étnicos y lingüísticos
más arraigados que vivían en comunidad.
Se destacaban por cultivar maíz, mandioca, zapallos
y porotos, practicaban la alfarería fabricando
cerámicas lisas y pintadas, también moldeaban
recipientes para fermentar bebidas alcohólicas,
y para ser utilizados como vasos y platos. La cercanía
de los ríos que rodean esta pintoresca subregión
motivaron a que construyeran canoas para navegarlos. Los
guaraníes eran nómades y belicosos, conociendo
perfectamente cada tramo de la selva. Eran buenos pescadores
y cazadores, utilizando flechas de caña con diferentes
puntas de madera, según lo que deseaban atrapar,
ya sean peces, aves o mamíferos grandes. Las mujeres
guaraníes eran muy laboriosas, atendían
el cultivo como el maíz y mandioca, recolectaban
los frutos, cuidaban a los hijos, cocinaban, tejían
cestas de fibras vegetales, moldeaban vasijas de barro
y transportaban todos los materiales y alimentos desde
los campos de cultivo, ubicados en la selva, hasta la
tekoa, que eran las aldeas guaraníes construidas
cerca de algún río donde erigían
sus casas comunales denominadas malocas. Cuando los campos
de cultivo no eran aprovechables (luego de cinco años
de explotación aproximadamente) toda la tekoa se
trasladaba para instalarse en otro lugar estratégico.
Los indígenas habitaron el Alto Paraná hace
más de 10.000 años. Los científicos
denominaron a esta cultura, anterior a la guaraní,
altoparanaense, y la caracterizaron mediante al hallazgo
arqueológico de instrumentos de piedra o líticos.
Alimentación y Gastronomía
Los platos regionales son el yopará (guiso de porotos,
maíz y mandioca); el chipá guazú
(choclo rallado con leche cocido al horno envuelto en
hojas); soó apua cuéra (pedazos de charque
que se mezclan con queso, huevo, pan rallado y cebolla
para cocinarlas en caldo) y los chipás (especie
de torta de almidón de mandioca, harina de maíz
y huevo que se cocinan la horno).
Los pescados forman parte de la alimentación básica
en esta región. El dorado es muy apreciado para
asarlo lentamente a la parrilla, el surubí (pseudoplatystoma
sp) se lo fríe para culminar su cocinado con una
salsa de tomate y hierbas, y al pejerrey (odontesthes
bonariensis) que se lo conoce como gran paraná
se lo utiliza en la alta cocina.
La yerba mate es una bebida de infusión utilizada
por los guaraníes y que fue cultivada por los jesuitas
a fines del siglo XVII, siendo difundida por todo el país
y cultivada ampliamente en el nordeste.
El mate, además de ser una infusión, tiene
carácter social porque cebarlo es un ritual que
forma parte de la vida cotidiana. Para preparar el mate
se colocan las hojas verdes, pudiéndose añadir
hierbas medicinales y azúcar, en una calabaza curada
o recipiente especial y se vierte encima agua caliente
proveniente de un recipiente calentado al fuego denominado
pava. La calabaza o recipiente se convida a cada participante
en la ronda formada, los que beben a través de
una bombilla generalmente metálica.
El alfajor santafesino es muy apreciado como postre: se
trata de dos galletas de masa cocida con dulce de leche
que une a ambas capas para finalmente cubrirlas con un
baño de azúcar glaceado. Entre los productos
regionales se destaca también en pastelería
la conocida ensaimada rellena de crema pastelera, que
se puede adquirir en casi todas las panaderías
de la provincia de Santa Fe.
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